En la Trinchera

RECUERDOS IMBORRABLES

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Un grupo histórico que nos ha hecho soñar durante muchos años.

Mi primer recuerdo baloncestístico no sé exactamente de qué año data. Cierro los ojos y veo a Šarūnas Jasikevičius cosiendo a la España de un imberbe Gasol desde el 6’25. Un recuerdo, a medias, doloroso, pero que fue fácilmente desplazado a un segundo plano pocos años después.

También se me viene a la mente la espectacular fase de grupos que hicimos en los juegos de Atenas, así como la paupérrima fase de grupos de EE.UU. que nos llevó a enfrentarnos en primera ronda. Y el partido de Marbury. Qué partido. Demasiado pronto para irnos a casa, pero lo suficientemente duro como para aprender una lección imprescindible para ganar.

La barba empezó a salirle a Gasol, a Navarro, a Calderón, a Reyes, a Garbajosa y empezaron a ser ellos los que cosían a los rivales. Desde fuera o desde dentro, daba igual. Pero éramos invencibles. Dábamos miedo al que nos tenía enfrente. Pasamos de evitar cruces complicados a que fueran los otros los que no quisieran vernos ni en pintura.

Recuerdo tres veranos inolvidables disfrutando de la ya por aquel entonces ÑBA, con un bote de fabada ‘La Asturiana’ sobre la mesa de la casa del pueblo. De supersticiones va lo cosa. Y es que el partido de anoche no empezó a cambiar hasta que cogimos la mesa ‘buena’ en ese bar que está siendo talismán. Pero esa es otra historia.

Recuerdo el triple de Noccioni que no entró, la lesión de Gasol antes de la final del Mundial de Japón y el repaso histórico a Grecia pocos días después. Recuerdo el Eurobasket de España y la canasta que se salió del aro ante Rusia en la final. Una lástima, pero una nueva lección para volver más fuertes. Y lo hicieron. Ganaron los dos Eurobaskets siguientes, en Polonia y en Lituania, con una superioridad incomparable.

Una generación (más bien varias) inimaginable hace años, comandadas por la estrella más grande del baloncesto, y quizás del deporte, español. Llegamos incluso a plantar cara a EEUU. Hasta tal punto que rozamos la victoria, especialmente en Londres 2012, cuando los tuvimos contra las cuerdas hasta que Lebron James, a falta de poco más de un minuto, decidió poner el punto y final al partido. La cara de Gasol era desoladora. Uno por uno, todos los componentes de ese equipo americano, pasaron por el banco español para presentar sus respetos al ‘4’ nacional. Creo, que desde entonces, Pau solo piensa en Rio 2016. La última batalla para un líder y una generación a la que la historia le debe un oro olímpico. Es lo único que les queda.

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 Superando el ‘trámite’.

Mientras tanto, hasta que llega el próximo verano, Gasol y sus chicos (más chicos que nunca) han decidido pasarse por Francia y avisar al mundo entero de que hay España para rato. Sin tanto jugador clave como falta (Ricky, Calderón, Abrines, Ibaka, Marc Gasol…) y con muchos de los que están, fuera de su mejor nivel (Rudy especialmente) han vuelto a escribir su nombre en la historia del baloncesto. Y lo han hecho a lo grande.

Lo de ayer en Lille, ante 27.000 franceses deseosos de hundir a España en territorio patrio, quedará en el recuerdo de todos como uno de esos momentos históricos del deporte nacional. Si pensamos en nuestro deporte se nos viene a la cabeza el gol de Iniesta, los 10 años de Nadal en Roland Garros, Contador e Induráin en los Campos Elíseos, los anillos de Gasol, las ‘guerreras’ del balonmano y el waterpolo en Londres 2012, a Gómez Noya ganando sin parar, a Alonso cruzando la bandera a cuadros en Sao Paulo, el ciclo histórico de nuestro fútbol sala o nuestro balonmano… pues a partir de ahora, el mate de Gasol y las cuatro esquinas de la prórroga con la que cerraron un partido histórico, también quedará en nuestra memoria colectiva.

Ya solo queda un ‘trámite’, entiéndaseme bien, antes de la cita de Rio del próximo verano para la que ayer sacamos billete, en la que se le debe poner el broche al ciclo histórico del baloncesto nacional. Un trámite en el que Gasol y sus chicos van a volver a partirse el pecho por llegar a lo más alto. Cuando menos confiaba la mayoría de la afición, y quizás cuando menos confianza había dentro de la selección, España ha vuelto a demostrar que el trabajo, la pelea, la constancia y el talento siempre van de la mano del triunfo. Una lección de vida y de fe.

Un deseo para cerrar estas líneas, a colación de la lección que nos deja este Europeo. Espero, que desde el domingo, podamos recordar todos con más fuerza que nunca, que para ganar antes hay que perder. Y que es imposible ganar sin haber sido derrotado antes.

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